La escuela y la sociedad en el siglo XX

Introducción

Las hipótesis de trabajo mental, es decir, los esbozos de teorías que pretenden explicar los fenómenos materiales o del orden natural o los procesos y acontecimientos sociales, políticos y económicos, suelen nacer mucho antes de que sus creadores tengan conciencia clara de ellas. Es común, en efecto, que un estudioso, consagrado desde hace años a una disciplina, advierta de pronto que comienza a perfilarse en su mente con claridad una línea de pensamiento que termina por configurar una hipótesis bien estructurada. De inmediato, como impulsadas hacia un camino que se acaba de iluminar y que aparece verdaderamente atractivo, otras ideas se desencadenan y lo empujan a perfilar y desenvolver con nuevos argumentos, nuevas experiencias y nuevas probanzas la hipótesis apuntada. Pero sucede algo más: ese estudioso comprende, sólo entonces, que la teoría ahora explicitada bullía en su interior desde mucho tiempo atrás. Y al repasar apuntes desordenados, artículos breves, resúmenes de clases, textos de conferencias o páginas escritas en libros o revistas descubre los argumentos capitales de la teoría que rondaban sus trabajos, sus estudios, sus investigaciones, sin que él mismo lo supiera.

Un proceso semejante es el que –creemos– nos ha sucedido con referencia al tema que da título a esta obra. Las páginas que la componen han sido escritas a lo largo de los últimos tres años, aproximadamente, respondiendo a solicitudes o circunstancias diferentes. Al repasarlas en su conjunto, sin embargo, advertimos que en todas latía una línea de pensamiento similar, que por diferentes vías buscaba expresarse. Al cabo pudimos comprender que lo mismo estaba ocurriendo con nuestras clases de Política Educacional y Educación Comparada, en las que, aunque con una perspectiva apropiada a la cátedra universitaria, desbrozábamos el mismo terreno(1).

¿De qué se trata, en síntesis? No, por cierto, de nada que pretendamos constituya un descubrimiento totalmente original, pues en este campo es casi siempre imposible que ello ocurra y más cuando se da –como en este instante histórico en la Argentina– una tan marcada coincidencia generacional. Inclusive tememos que, encunado, resulte algo simple para muchos. Pero, a nuestro juicio, en ello –y aunque conceptualmente aparente pobreza– radica el nudo de toda la problemática educativa de nuestros días.

Nuestra hipótesis podría, al fin, enunciarse así:

Las instituciones escolares se han desvinculado de la realidad social a la cual deberían servir, a tal punto que no entienden ya qué es lo que deben hacer. Consecuentemente, pierden su tiempo intentando adaptaciones, transformaciones o reformas que no hacen al fondo de la cuestión, y se convierten en organismos que debaten métodos y organizaciones sin saber para qué quieren esos métodos y esas organizaciones. Las restantes instituciones sociales –los organismos políticos, religiosos, económicos, y aun los llamados culturales–, por su parte, tampoco entienden este fenómeno y confían, ingenuamente, que la escuela los sirve adecuadamente. Dicho en otras palabras: el problema educativo de nuestro tiempo –no un problema, sino “el” problema– consiste en la desvinculación de la escuela y la sociedad. Creemos que ha llegado la hora de que la sociedad emprenda la reconquista de la escuela.

¿Y quiénes son los ocupantes de este territorio, a los que se debe desalojar para retomar su gobierno? La respuesta es dura, quizás agresiva, e inclusive nos lesiona a nosotros mismos, pero creemos que es la única legítima. La sociedad debe reconquistar la escuela de las manos de los maestros, de los profesores, de los pedagogos, de los especialistas en educación –y, por supuesto de funcionarios y gobernantes– porque aun llevados de la mejor intención todos ellos han terminado por hacer de las instituciones escolares contemporáneas un inmenso edificio complicadísimo, costoso y casi mítico pero totalmente ineficiente para servir a los hombres de nuestros días en sus verdaderas necesidades.

Las páginas que siguen no son, pues, otra cosa que el desarrollo de esta idea central que desde hace mucho tiempo ronda nuestras preocupaciones, aunque sólo hace relativamente poco tiempo hemos llegado a comprenderla claramente. Sin duda ella habrá de inspirar nuevas reflexiones y otros aportes. Es nuestra esperanza que este libro sirva para esa labor y que pueda ser base fecunda para que amplios sectores mediten en un problema que no es, en última instancia, responsabilidad exclusiva de los docentes profesionales o de los pedagogos sino de la sociedad en su conjunto.

(1) Debemos declarar a este respecto, por un inexcusable deber de honestidad intelectual, que en esa labor y en la búsqueda de datos de carácter histórico y político que en gran medida van constituyendo las argumentaciones de fondo para nuestras hipótesis tenemos una importante deuda con la profesora Beatriz Giani, adjunta de la cátedra y que nos ha proporcionado un material documental y bibliográfico riquísimo.


volver a home | tomo II | primera parte

© Copyright by
Instituto de Investigaciones Educativas
Junio 1993
Buenos Aires, Argentina